Los Piques

Ficha tecnica

Comuna

Las Condes

Contexto

Urbano

Altitud

870 m.s.n.m

Normativa 
PRMS

5.2.3 Parques Intercomunales (PI)

5.2.3.2 Cerros Islas (parte del cerro)

Superficie Total

33,73  ha

Normativa
PRC Las Condes

Área de equipamiento comunal e intercomunal (UEe1), Áreas de parques intercomunales (UEe3) y Vivienda (UV)

Superficie no construida

23,61 ha

Composición Vegetal

Mixta

Cobertura Árborea

50-60 %

Datos comunales

Las Condes

ICVU

73,6 

Áreas verdes consolidadas

113,48  ha

Habitantes

282.013

Estacionamientos
Iglesia
Lugar
de Oración
Vivero
Plantaciones
Misas
Vegetación
Nativa
Construcciones Inmobiliarias

El Cerro Los Piques se ubica en la precordillera del valle de Santiago en la comuna de Las Condes y es uno de los cinco cerros islas–Calán, Apoquindo, Los Piques, Jardín Alto y Chequén– que forma parte de los faldeos de la Sierra de San Ramón, cadena montañosa perteneciente a la Cordillera de los Andes–de 25km de longitud–, que recorre la ciudad de norte a sur entre el río Mapocho y el Maipo.

 

El crecimiento de la ciudad ha llegado hasta los pies del cerro: el barrio antiguo de Los Domínicos se encarama por su ladera poniente, San Damián se presenta por el norponiente, San Carlos de Apoquindo por el oriente y la Planta de Agua Montecasino por el Sur. La única construcción en el cerro es el monasterio de la Orden Benedictina que se enclava en su ladera norte, muy cerca de su cima, rodeado por cultivos que dan muestra de trabajos de preservación de la flora del cerro.  A diferencia de la mayoría de los cerros isla ubicados en el sector oriente de Santiago, Los Piques se encuentra todavía bien conservado. Presenta vialidades en sus bordes y mínimos caminos de acceso, que ascienden en curvas permitiendo una procesión acompañada de vistas sobre el valle.

 

La historia de ocupación del cerro Los Piques remonta a 1953, cuando la Orden de Monjes Benedictina compra el terreno. El proyecto del Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad fue el resultado de un concurso arquitectónico adjudicado a la Escuela de  Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso en la década del 50. El arquitecto Jaime Bellalta fue el ganador y diseña el edificio de las celdas y una capilla provisoria. Las obras de construcción comenzaron en 1954, y un año después, la Orden se traslada desde el monasterio en  Av. Las Condes, fundado en 1938 (actual Hospital de la Fuerza Aérea de Chile), a los nuevos edificios en el cerro.  La Calle de la Abadía, que terminaba en la Abadía de la Sagrada Cruz a los pies del Cerro Calán, se extendió por la actual Av. Charles Hamilton hasta el monasterio benedictino, siguiendo los lineamientos ascendentes de la Abadía de Montecassino en Roma.

Luego de Bellalta, diversos arquitectos continuaron con la obra, todos parte de una generación formada en el espíritu del movimiento moderno y muy especialmente en la línea de Le Corbusier. De ahí la conformación de una obra unitaria. El cementerio fue encargado al Hermano Martín Correa por Bellalta mientras se llevaba a cabo la construcción de la primera etapa del monasterio. La iglesia también diseñada por el Hermano Martín Correa Prieto y el Padre Gabriel Guarda Geywitz, con la colaboración de Patricio Gross, después de haber sido rechazada la propuesta del Instituto de Arquitectura de Valparaíso, por la congregación, ya que cambiaba de manera fundamental el partido propuesto por Bellalta. Según palabras de sus propios autores, se buscó que esta iglesia fuera pobre y magnífica a la vez, como una roca a la que nada le falta y nada le sobra y que, su silencio, estará siempre hablándonos de Dios. Luego la hospedería fue obra del arquitecto Patricio Gross,  la portería, comedor, servicios y locutorio de Jorge Swimburn y la biblioteca, la enfermería, capítulo, ala del claustro cerrado y  la hospedería femenina de Raúl Irarrázabal. El monasterio en su conjunto es considerado un paradigma de la arquitectura latinoamericana; la primera obra moderna declarada monumento nacional en Chile (1981) y galardonada con el premio “Obra Bicentenario” (2009).

 

El monasterio se convirtió en el hito que permitió por años conservar el cerro en su condición natural original, y sigue resistiendo a la gran presión inmobiliaria del sector. La presencia del cerro desde la lejanía se ha ido perdiendo paulatinamente debido a sucesivas intervenciones que han transformado el entorno inmediato. Nuevos loteos y construcciones próximas han impedido tomar distancia para observar al cerro. Por otro lado, las tres calles que lo circundan, corresponden a vías desplazadoras y desintegradoras que incentivan el uso del automóvil y perjudican al peatón. Cuando estas calles-borde crecen de dos a cuatro vías, con bandejones centrales que deberían absorber la pendiente, sus perfiles siguen siendo planos y han acabado rompiendo de manera agresiva con la topografía de los faldeos del cerro (Mackenney, 2009).